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Salesianos Huesca | RUMBO A LIZZANO
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RUMBO A LIZZANO

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RUMBO A LIZZANO

 

Dos turnos de voluntariado han sido los realizados este verano en colaboración con la organización Amici del Sidamo en Italia. Las componentes del segundo turno nos relatan así su experiencia:

El día 23 de Julio, nos tocaba madrugar para ir al campo de trabajo en Italia, más concretamente a un pueblecito de la Emilia- Romana, a una hora de Bolonia. Nuestro viaje empezaba prontito, a eso de las 1h45 am, para poder coger el avión en Barcelona y salir a las 6h35’. Todo se desarrolló como estaba previsto. Tras llegar a Bolonia, un tren y en Porretta, unas familias, voluntarios de “Amici di Sidamo” nos vinieron a buscar para llegar sobre las 12h30’ a la casa donde íbamos a pasar una semana. El viaje costó, pero llegamos sin ningún problema.

Allí nos esperaban los responsables del oratorio: Sofía, con su hermana Laura, y Francesco, nos habían preparado la comida. Este año, D. Luca, sdb, no estaba, tenía otras obligaciones, vaya, ¡Qué pena! Tras los saludos y abrazos, con monitores que conocíamos del año anterior, ya que dos de nosotras repetíamos; después, nos instalamos en la habitación.

Por la tarde, fueron llegando otros monitores y fuimos organizando los talleres que desarrollaríamos durante los próximos días. En total éramos: dos responsables, digamos directores de campamento, seis monitores italianos y cinco españolas. Después, hacia el final de la tarde, una pequeña excursión para poder ir a celebrar la Eucaristía dominical, una hora de caminata de ida, cuesta arriba.

Después de cenar, en la “serata” juegos para conocernos mejor, para explicarnos el día a día del campo, para contarnos cuál era la filosofía del oratorio y… a dormir que había que madrugar.

Nuestra jornada empezaba a las 7h, desayunábamos, con lo que nos iban dando, pues la mayoría de la comida que teníamos eran donaciones de un supermercado pequeñito y dos cafeterías, cosa que te hace pensar sobre la cantidad de cosas que son superfluas y no necesitas realmente. A las 8h, empezaban a llegar los niños (de cinco a doce años) y sobre las 9h empezábamos con un baile, para terminar de despertarnos. Hasta las 5h pm teníamos que estar por y con los niños. En juegos: colectivos con todo el grupo, en pequeño grupo, juegos de movimiento, de pensar…, en talleres, en la realización de deberes, sí, deberes de verano, hablando con ellos, ayudándoles en lo que necesitaran. Por lo que toda la jornada estabas pendiente del otro, del que te necesitaba, del joven, del más débil. Era una tarea costosa, pero muy gratificante.

A partir de las 5h pm, nos dedicábamos a dejar toda la casa y alrededores recogidos para el próximo día. Más tarde, nos íbamos a misa, y después de cenar, a eso de las 20h, nos quedaba la reflexión personal sobre temas como: la solidaridad, los temores, la verdad, el valor, la toma de decisiones, no siempre populares, etc…. Todo enfocado como un camino. Era como una oportunidad de parar el tiempo, de pensar, de plantearnos preguntas que en el devenir del día a día ni te lo planteas; la rutina y otras excusas te lo impiden. Se empezaba con un juego y se terminaba aterrizando con el tema que tocaba. Además, había una dinámica muy interesante y guay. Cada uno teníamos un sobre con nuestro nombre, y los otros monitores, si querían, podían dejarte alguna notita: te daban las gracias, te deseaban lo mejor, etc…Esto claro está, se dejó para el último día. Al igual que la valoración de toda la semana.

El día 29, ya de vuelta, los comentarios que hacíamos, la valoración de la convivencia con los otros monitores y los niños, los ratos de reflexión, de conocer más la realidad de Etiopía, testimonios de personas que habían apostado por otra forma de vivir más comprometida, con valores cristianos, era positiva, era algo que nos había calado. Nos veníamos a casa pensando de forma diferente, algo había cambiado en nuestra forma de ver el mundo y a los otros.

Se coincidía en que había sido una experiencia profunda, que engancha. Por otra parte, decíamos: Curioso, pensar que ir a trabajar, a madrugar durante las vacaciones iba a hacernos cambiar, pero como dice un gran santo: “Es dando que se recibe” y en este caso, multiplicado por mil. Algunas piensan en volver a vivirlo el año próximo.